Naranja Completa, por J. J. Merelo

Nunca he podido imaginarme porqué los seres humanos nacemos incompletos, y tenemos que buscar pareja para sentirnos completos. Puede ser quizás algo biológico, pero en el caso del que voy a hablar va más allá de lo biológico para adentrarse en lo escatológico.

Paco era mi compañero de piso. Compartíamos piso desde hacía un par de años, desde que ambos comenzamos la carrera, en Granada. Aunque no sea yo el más adecuado para juzgarlo, era normal rayando en lo vulgar en todo lo que hacía: estudiaba, aunque no demasiado; salía de marcha, de vez en cuando y ligaba, como todos nosotros, entre muy poco y nada.

Un día de la Cruz (que como saben incontables generaciones de estudiantes granadinos, es una fiesta más bien báquica en que se inician este tipo de cosas en Granada), conoció a María. Aunque las nieblas etílicas de ese día no me permitieron hacer una evaluación certera, me pareció una chica normal. No era demasiado guapa como para ser despampanante, ni demasiado llamativa como para ser provocativa, ni demasiado fea como para provocar muecas de repugnancia.

Al día siguiente, aproximadamente a las siete de la tarde, salieron del cuarto de Paco, con una sonrisa en los labios y toda la cara en general que apenas ocultaba sus ojeras turbo dieciséis válvulas. Ese día María se fue de casa. Pero siguieron víéndose.

El sábado siguiente, habíamos quedado con unos colegas, para comprar unas litronas y unas palomitas, y ver el partido. Al principio del partido, lo vemos aparecer en la puerta de su cuarto, todo vestido como para una fiesta de fin de curso.

-¿Dónde vas, tío? - le pregunté, mientras una onda de codazos se iba propagando por todos los sofás y sillones.

-He quedao - su %hasta luego" se confundió con el ruido que hizo al cerrar la puerta, y con los murmullos de %está enchochao" de toda la concurrencia. Bueno, es normal, pensamos. Total, ya se había perdido antes uno o dos partidos en los últimos tres años, cuando estaba preparándose aquella asignatura para septiembre.

Pero en semanas siguientes, empezó a volverse cada vez más insoportable. A su cara de idiota chupando un jamargo debajo de un árbol, se sumó su tema de conversación. Nunca se había parecido a Chris por la mañana, el de Doctor en Alaska, que igual te habla de física cuántica que de béisbol; bueno, a decir verdad, hablaba de exámenes, de fútbol, y de mujeres, con diversos matices, pero sólo de eso. Ahora hablaba de mujer. Punto. De María. También con diversos matices. Yo y María, María y yo, %María me ha dicho", %María hace". Un amigo nuestro, físico, calculó los intervalos medios entre dos pronunciaciones de la palabra María. Empezamos a hartarnos cuando bajaron de los 5 minutos (y eso que insistió en que había que contar también cuando no lo veíamos. También insistió en haceruna estimación de cuánto hablaba cuando no lo veíamos, pero ahí ya nos plantamos nosotros).

Cuando sutilmente le mencionábamos este hecho, con frases del estilo %Ya está el tío dando la badila con María", no se lo solía tomar demasiado bien. Empezamos a verlo cada vez menos, y cuando lo veíamos, solía acompañarlo María.

Alguna vez comimos juntos. Y fue una experiencia extraña. Aparte de estar todo el rato oyendo %Churri, esto" %Churri, lo otro" (los dos eran Churri, Debe de ser un calificativo cariñoso asexual, que no asexuado), a veces se miraban y se reían. La comida se pareció un poco a una partida de mus, con gestos, movimientos imperceptibles para los demás, pero que parecían provocar una reacción en Churri (o sea, en cualquiera de ellos). Por ejemplo

-Oye, ¿te haz dado cuenta de que...? - un guiño, la mano puesta debajo de la barbilla - ¿no? - decía Churri-Maria.

-Puez, zi - risas - zi ez que erez maz gra - decía Churri-Paco. No era de Sevilla, era de Andújar. Pero había cambiado de acento. Y a la vez, se tocaba el lóbulo de la oreja.

Un día que la trajo a cenar, llegó un punto que no entendíamos nada. Se comunicaban con monosílabos %Zi, ma, tu, ca", rictus en la cara, caricias en los mofletes. Paco ya no hablaba con nosotros.

Un día, después de semanas así, Paco hizo un esfuerzo sobrehumano, y en un par de frases nos dijo que dejaba nuestro piso, para irse a vivir con María. No nos molestamos en disuadirle de lo contrario. Ultimamente se había convertido en una compañía no demasiado agradable. Al poco tiempo, por unos compañeros me enteré que había dejado también de asistir a clase.

En septiembre, al principio del curso siguiente, los ví una vez por Pedro Antonio. No me saludaron, pero me paré un momento a observarlos. Y me llamó la atención de que la gente hacía un arco alrededor de ellos, hasta el punto que abandonaban la acera por la que ellos pasaban, para volver a tomarla unos pasos más allá. Había como una esfera alrededor de ellos, que incluso el multitudinario Pedro Antonio respetaba. Dentro de esa esfera, ellos se miraban, alzaban una ceja, emitían unas cuantas sílabas, subían una pierna, daban un taconazo en el suelo. Y supongo que se amaban.

¿Qué fue de ellos? Al cabo de los años, ella grabó un disco de música trance con el seudónimo de ChurriDJ. El hizo su primera exposición de arte deconstruccionista (o algo así) unos meses más tarde. Vi incluso una foto suya en Canal Sur. A veces también hacen happenings juntos.

¿Y yo? Pues todavía no sé si sentir pena o envidia por ellos.


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