El hijo de la noche, por J. J. Merelo y Rafael Merelo

( That )

Dedicado a Peter Strauss y Stephen King,

por sus inmarcesibles novelas de 900 páginas.

Era una noche oscura y tormentosa. Era oscura porque era de noche, o quizás porque era tormentosa. O quizás no fuera necesario que fuera tormentosa para ser oscura, pues una cualidad inherente de las noches es ser oscuras. En resumen, que no se veía tres en un burro ( consecuencia de ser una noche oscura ). Además, llovía a cántaros, lo cual contribuía a lo anterior ( es decir, a que fuera oscura ). Esto era consecuencia de que fuera tormentosa... ( así 27 páginas más ).

En Villatripas de Arriba, el pueblo dormía intranquilo. En realidad, debido a que estaba intranquilo, no dormía, sino que velaba. En realidad era un estado de duermeyvela inquieta, que todos los Valium expendidos por el farmacéutico de la localidad, Senén Rodríguez, no habían sido capaces de calmar. Senén Rodríguez, sordo de nacimiento, por su parte, dormía plácidamente. Ese día había sido para él de lo más placentero... ( 13 páginas para contar la vida de Senén Rodríguez ).

Una noche, que, como ya hemos dicho, era tan oscura y tormentosa, no podía tener más que malos presagios. El día anterior, el que fuera el primero de la horrorosa cadena deasesinatos que iba a suceder, había sido descubierto.

Villatripas, 11 de Febrero de 1989

Guillermito González Urruticoechea paseaba feliz por el campo. Era el día de la autonomía y por tanto no tenía escuela. En la plaza del pueblo, el alcalde y los 11 concejales, 7 de ellos de Izquierda Unida y 4 del Partido Villatripense Independiente, de tendencia conservadora, se reunían con sus boinas recién planchadas, sus esposas recién lavadas y los trajes que reservaban para ir a las bodas. Era un gran día para ellos. Contemplaban con arrobo la bandera roja, blanca y verde oliva que era el símbolo y el orgullo de su autonomía, mientras escuchaban con emoción los disonantes acordes del himno autonómico, compuesto 3 años antes por un hijo de la localidad que se convirtió en músico, Jerónimo Vida Rodríguez.

Jerónimo había nacido en un mal año, en un mal sitio...( 2 páginas para contar la vida y milagros de Jeronimito hasta la actualidad ).

Pero esto no le importaba a Guillermito, mientras triscaba feliz, por el campo que rodeaba a su pueblo, que lo cercaba por todos lados, hasta casi ahogarlo. En realidad el campo se mezclaba con el pueblo de tal forma que no se podía decir con seguridad donde acababa el pueblo y donde empezaba el campo, o si este acababa siquiera. Pero Guillermito era un chico listo...( 3 páginas para describir su expediente personal y las relaciones mantenidas con sus maestros ).

Guillermito había desarrollado un sistema infalible para diferenciar el campo del pueblo. Si hay cerdos por las calles ( que los había, pues hay que hacer notar que desde tiempos inmemoriales, la cabaña porcina de Villatripas había sido muy conocida en todo el país ), quiere decir que estamos en el pueblo. Si no los hay, quiere decir que estamos en el campo. No es que el campo no haya cerdos, que los hay, lo que ocurre es que no hay calles. Contento con este feliz razonamiento, con el cuerpo medio oculto por las hierbas que crecían salvajes ( debido a la contaminación del campo con fosfatos ), de pronto, súbitamente, de repente, es decir, así, sin más, tropezó con algo duro en el suelo. Al caer, sintió un olor fuerte, como de cloaca, como aquella vez que se había dejado el bocadillo de mortadela con aceitunas debajo de la cama un año entero, lo cual había formado un verdadero ecosistema. En realidad, a él le gustaba mucho la mortadela con aceitunas, que compraba en la tienda de más abajo de su casa... ( 3 páginas para contar la historia económica del lugar, con especial incidencia en el comercio y la hostelería ).

Ese olor se hizo más fuerte al dar con sus dientes en el suelo, y se mezcló con ese olor húmedo, fresco, acre y generalmente repugnante que tienen los campos contaminados por fosfatos... ( unas 2 ó 3 páginas para indicar las industriascontaminantes de la zona, y sus consecuencias sobre la cría de marranos ).

Pero no, no era una piedra con lo que había tropezado. Era, como comprobó con horror, una cabeza de un marrano, que reconoció inmediatamente ya que entre marranos se había criado. No pudo soportar esa visión, y sintió una náusea que se extendía desde sus metatarsos, pasando por húmeros, clavículas, sin dejar atrás los intestinos grueso y delgado, que claramente son los que tienen mayor influencia en casos de náusea. Y corrió, corrió como alma que lleva el diablo hacia el pueblo ( que reconoció inmediatamente gracias a su sentido del olfato, de la orientación y a que vio un cerdo en una calle ). Según iba acercándose, oía el sonido de la Filarmónica de Villatripas ( compuesta por 3 trombones, unos platillos, un oboe, 2 bombos, una botella de anís con palillo y una flauta ) que con alegría, después de tocar el himno de la comunidad, el europeo, el del pueblo, el del país ( no necesariamente por ese orden, pues otros años había habido manifestaciones y el alcalde decidió que se tocaran por orden alfabético ) estaba emprendiéndola con un conocido éxito de AC/DC, Highway to hell, con desiguales resultados.

Cuando se acercaba a la plaza, podría haber contemplado a las largas cabelleras de los heavis del lugar ondearse bajo las boinas y sobre las camisetas de Scorpions. Pero él no veía esto. Solo la putrefacta carne de la cabeza de un marrano, picoteada por los gorriones que tantas veces había ahuyentado a pedradas...( aquí podría venir bien un estudio ornitológico del lugar, y algunas cacerías célebres: 3 páginas ).

( Ahora, en unas 12 páginas, cuento la historia del alcalde, de los concejales más representativos, del cabo de la guardia civil, del sargento de la policía municipal y de sus respectivas señoras. Pensándolo bien, le dedicaré 67 páginas. Y con esto llevo 125 páginas. Joder, estoy embalao ).

Llegó hasta su padre, un honrado porquero que se ganaba la vida trabajando 12 horas al día con sus amigos, su fuente de sustento, su vida, al fin y al cabo: los cerdos. No había sido el mismo desde que, 3 días antes, su cerda preferida, Margarita, malpariera. Se le veía vagando de un lado a otro de la granja, murmurando "Este pueblo está maldito". En este momento había dejado de murmurar, porque tenía gran respeto hacia las melodías modelnas, y además estaba analizando la problemática futbolística con sus amigos. Pero, de pronto, movido por un resorte, se volvió. Allí estaba su hijo, con las lágrimas corriendo por sus mejillas ( dejando profundos surcos de un color claro-amarillento, y cayendo hasta el suelo, donde estaban formando un charco en las calles todavía no asfaltadas de Villatripas ), ( tres párrafos y pico sobre los problemas urbanísticos de la España rural ). Su hijo lloraba, sí, pero no era un llanto de tristeza, sino de espanto, de horror y de dolor porque se había roto un diente con un peñasco en el suelo y le dolía como un demonio...( aquí, mientras se lo cuenta y todo eso, hacemosflashback y el padre recuerda cuando tenía 37 años y lloró por primera vez: 2 páginas ).

La voz corrió rápidamente entre los convocados en la plaza Mayor del pueblo ( era la Mayor porque no había nada de entidad superior a un erial que mereciera llamarse tal nombre. Antes se denominaba Plaza Generalísimo Francisco Franco ). Rigoberto Camprubí Rodríguez, el más anciano del lugar, comenzó a rememorar tiempos pasados, desde la atalaya de sus 95 años. No era la primera vez que esto ocurría, ni sería la última. Recordaba al menos otras tres veces, en las que las matanzas de marranos fuera de la época de San Martín habían vaciado los corrales y las calles de esos familiares gruñidos que tanto apreciaban, y las orzas de esos chorizos que tanto estimaban, y el bolsillo de esas pesetillas que tan bien les venían. Este sería el primero de una serie de asesinatos ( sí, pues de asesinatos había que calificarlos; un marrano, al fin y al cabo, también era un ser humano ). Y recordó aquella primavera del 57... ( aunque quizás, ya puesto a recordar, podríamos recordar también a los iberos, tartesos, romanos, visigodos, árabes, cristianos.., bueno, vale, unas 23 páginas más, esto de escribir un cuento en un pueblo español trae mas cuenta que escribirlo en un pueblo americano ).

Del Libro "A cada cerdo le llega su San Martín", de Miguel Ibañez Campos

Realmente, todavía nadie se explica lo que sucedió aquella noche en Villatripas de Arriba. O si se lo explica, no nos lo hadicho. Todos los pueblerinos respondían con la misma frase: "Ah, aquello..."

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Roberto Sánchez se acostó pronto aquella noche. A pesar de que había sido un día de fiesta, al día siguiente tendría que ir a trabajar su pequeño trozo de tierra ( unas 3 páginas para explicar los problemas de la España rural ).

Mientras estaba en lo mas profundo de los sueños, un horror sin nombre se abatía sobre su casa. Algo se infiltraba por las rendijas de las ventanas, por entre las goteras de las tejas, por entre las grietas de los viejos muros, por la puerta del frigorífico ( y eso que se lo habían vendido como hermético). Roberto se despertó, y vio un horror sin forma, sin saber que era el mismo que el horror sin nombre que se había abatido unos instantes antes sobre la casa. En realidad, le vio forma, e incluso nombre: morcilla. Una tripa de morcilla se le acercaba a los pies de la cama, serpenteando como un gusano, despidiendo un olor acre. Roberto pensó que le había sentado mal el cocido de anoche. En realidad, a él no le gustaba el cocido, pero a su mujer sí, y por eso había tenido que comerlo. A su hijo el mayor le gustaba, pero prefería el potaje de lentejas, con chorizo y cebolla, y, si lo había, pimiento. Al segundo...( se explican las preferencias culinarias de los 7 hijos, el novio de una de las hijas, la abuela, un cuñado gorrón, el perro, el gato, y un pobre que de vez en cuando se acercaba a pedir, 2 páginas. Suma anterior 153 páginas. Suma y sigue, 155 páginas, joer, se estáponiendo difícil llegar hasta la 900 ).

Intentó despertar a su mujer, con la que llevaba 15 años casado, un matrimonio feliz... ( 2 páginas para hablar del matrimonio ). Al ver como no despertaba, encendió la luz y se incorporó en la cama, y comprobó horrorizado como la ristra de morcilla se cernía sobre el cuello de su esposa, aplastaban su esternocleidomastoideo, impedían la circulación por su arteria aorta, y por su vena cava, imposibilitaban el paso de aire por la tráquea hasta sus pulmones, a pequeñas cavidades llamadas bronquiolos, donde ocurriría el intercambio de oxígeno ( 1 página para explicar los procesos respiratorios ). Intentó gritar, quería gritar, pero no pudo. Mientras se juraba a si mismo que si salía de ésta, se iba a enterar quien decía que los refranes estaban "apoyaos a la verdad", se dio cuenta que la morcilla se le introducía en la boca, provocándole la asfixia. Empezó a morderla, para librarse de ella, y a comerla. Era auténtica de pata negra, y lamentó no tener un poco de fino para acompañarla. Siguió comiendo morcilla para evitar una muerte terrible. Al día siguiente, Roberto murió en la UCI del hospital comarcal, presa de una terrible indigestión, por comer 3 quilos de morcilla.

Villatripas, 12 de febrero de l989

Adolfo García Castillo se levantó temprano, atravesó la calle Real, calle de las principales del pueblo, a la que daba su humilde casa ( 1 página para hablar de la revisión delcatastro ), saludó a Antonio García Castillo, su hermano, que estaba abriendo su tienda de frutas. Vio en la tienda de frutas limones y naranjas de Valencia, uvas de Almería, aguacates de Almuñecar, plátanos de Canarias, y otras muchas frutas que habían llegado esa misma mañana en un camión. El camión había tenido que atravesar... ( ahora cojo la guía Michelín, y menos de 4 páginas no salen ).

Por fin, llegó a la calle Principal del pueblo. La calle se llamaba así, porque era la principal. Era la principal porque ese era su nombre, desde que en l847, el abuelo del actual edil, que había trabajado duro había conseguido el puesto.

Llegó a donde tenía su pequeña carnicería, que había conseguido montar con unos ahorrillos, y con lo que le había dejado su padre, que había sido labrador toda su vida...( aquí cuento la historia de la familia hasta la 5ª generación ascendente directa, y alguna rama colateral, 4 páginas ). Al abrir la chirriante puerta que cerraba la humilde carnicería, se encontró con un espectáculo dantesco: en la carnicería había el cadáver de un cerdo, descuartizado a medias. La cabeza estaba semiarrancada. Los intestinos le colgaban por un lado, y una pata estaba puesta a curar. "Dios mío, que horror", pensó para sí, "seguro que ha muerto sin que estuviera el veterinario presente, como me pillen los de Sanidad verás. Bueno, de todas formas, trabajo ahorrado". Cerró la chirriante puerta ( si, ya lo he dicho, pero con tantas páginas me disculparéis que me repita ),y terminó de descuartizarlo silbando su canción favorita: "Contrabando de sandías", del grupo No me pises que llevo Chanclas, un grupo de un pueblo de Sevilla ( 2 páginas para contar la historia del grupo, así como los éxitos mas recientes, y la historia personal de cada uno de sus componentes... pensándolo bien, 4 páginas ).

Del Libro "A cada cerdo le llega su San Martín", de Miguel Ibañez Campos

Poco a poco, dolorosamente, como quien junta fragmentos de una pesadilla vagamente recordada al amanecer, al despertar a los pitidos del reloj marca Casio que su madre le había regalado cuando hizo la primera comunión, comenzó a comprender qué había sucedido aquella primavera del 57. Una gran matanza de cerdos ( en el sentido menos tradicional de la palabra ) había ocurrido. Un día era una cola retorcida encontrada en el arroyo Cagarruta ( llamado así cariñosamente en el pueblo, por la abundancia de las mismas en su cauce y alrededor de él, aunque en realidad se llama Guadalquecín ), otro día era una oreja putrefacta encontrada dentro de la boina de un parroquiano, otro día era un torso de cerdo malamente desaprovechado bajo unos matorrales. Incluso Bili ( versión española ortográficamente correcta del vocablo inglés Willy, más adaptada a la idiosincrasia local ), el lechón de 5 meses querido por todos los pueblerinos, había desaparecido sin dejar rastro... ( unas 10 ó 12 páginas hablando de los pactos Franco-Eisenhower, Antonio Machín, las radios connombres que empezaban con EAJ y el seiscientos ).

En las cercanías del arroyo Guadalquecín, 13 de abril de 1957.

Bili se sentía absolutamente feliz. Caminaba por el campo, rozándose con las plantas, mordisqueando las plantas y las cagarrutas que encontraba por el camino, marcando con su olor algunos árboles, y evacuando sus interiores cuando los necesitaba. Al fin y al cabo, Bili era un cerdo, en el buen sentido de la palabra, aunque él desconocía este hecho, pues es bien sabido que los cerdos no son demasiado inteligentes, aunque sí bien sabrosos.

La vida de un cerdo era bien plácida. Comía, dormía, se retorcía y rebullía en el cieno cuando algún picor recorría su espalda, evacuaba sus interiores, y pensaba sólo en el presente, sin preocuparle el futuro. Aunque algunos mayores hablaban de cosas espantosas, matanzas, daño y sufrimiento, esto no le preocupaba, porque era un adolescente feliz, y todos esos rumores susurrados entre gruñidos parecían cosas del lejano futuro.

De pronto, al pasar cerca de un matorral, sintió un olor repugnante ( y ya tendría que ser repugnante, para que le repugnara a un cerdo ), un olor indescriptible ( no se me ocurre que le puede dar asco a un cerdo, así que le voy a llamar ), acre, que se le introducía por su larga nariz y le llegaba a los pulmones, quemándole, como aquella vez que se comió una botellaroja en la que se podía leer ( no él, claro está ) "Lejías Tanito". Envuelto en ese olor acre, apareció algo que al pronto no supo reconocer, un espectro llegado de otro mundo. Un humano podría haber reconocido un cráneo descarnado cubierto por trozos de careta frita al ajillo, unos intestinos llenos de carne con pimentón ( es decir, chorizo ). Cojeaba sobre dos jamones de pata negra con marchamo de Terrinches, y al que le faltaban varias lonchas, y sus carnes aparecían cuarteadas y cubiertas de perejil, orégano y aliño de pinchitos morunos. Todo este cuerpo estaba vagamente unido por algunos cordeles con medallitas en las puntas, pero era sólo la fuerza de voluntad espectral lo que lo mantenía unido.

Bili sólo supo reconocer alguien que estaba muerto, muerto desde hacía muchos años, descuartizado y aprovechado. Las historias gruñidas por sus mayores eran verdad...( ahora le ataca, se lo come y todo eso, todo lleno de olores acres y chillidos y mutilaciones tremebundas ).

( Durante el nudo de la novela, unas 400 páginas de asesinatos, mutilaciones, luchas titánicas, fuerzas desconocidas, gritos, gruñidos de marranos, historias típicas de la localidad, matanzas célebres que no salen en los periódicos, charlas interminables con ominoso ambiente hasta las tres de la madrugada, fenómenos naturales inexplicables, llegamos al clímax ).

Y los inspectores de Sanidad, Hacienda y de Trabajo se enfrentaron, con una mezcla de resolución, valentía y miedo que hacía rechinar sus dientes y la calderilla del bolsillo, al hijo de la noche, el autor de las matanzas durante toda la historia de Villatripas.

Al mostrarle uno la declaración del IVA, el hijo de la noche, Aquello, echó la cabeza hacia atrás en un gesto de dolor infinito, supurando bilis e icores y porquerías varias por las junturas del occipital y el parietal.

-Eso le dolió, José - dijo el inspector de trabajo - pero debemos de permanecer unidos.

El le pidió el impreso de la licencia de apertura, lo cual le dolió más que antes, y el brazo al término del cual estaba el hacha de carnicero se le desprendió, dando en el suelo con un gran clamor que se confundió con los rugidos de los relámpagos.

El inspector de trabajo le pidió el carnet de manipulador, y como evidentemente no lo tenía, echó fuego por los ojos, se cagó por las patas abajo, y dijo unas cuantas palabrotas en arameo, que nadie entendió.

El inspector de sanidad le pidió el número de registro sanitario de sus hamburguesas, y el torso le estalló, soltando fragmentos ácidos por toda la estancia, que aparecía llena deganchos de los que colgaban jamones envueltos en sal.

Los inspectores dijeron a una:

-¡Lo hemos vencido!.

Volvieron al pueblo, cantando alegremente la música del telediario, mientras se ajustaban las corbatas, se intercambiaban tarjetas de visita en colores y se limpiaban los zapatos de Gucci. A la vez, se relamían mentalmente pensando en el ascenso a oficiales administrativos de 3ª que les iba a sobrevenir en cuanto se lo dijeran a sus jefes.

( Como epílogo, se cuenta cómo quedó el pueblo, que a causa de las matanzas se convirtió en una comuna hippy vegetariana que sólo criaba lechugas, endivias y brócoli, que pusieron una panadería de pan integral, y que la palabra cerdo se convirtió en tabú a partir de entonces para siempre jamás ).

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