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Visionarios: La Red de Ordenadores en la ciencia-ficción

Habitualmente, los autores de ciencia ficción se han caracterizado por una extrema habilidad a la hora de predecir avances tecnológicos futuros, y las consecuencias sociales de estos avances tecnológicos.

Autores de ciencia ficción predijeron el viaje a la Luna (Verne), las máquinas de fax (Verne), el diseño asistido por ordenador (Heinlein), los robots (Asimov), y cientos y cientos de aparatos que hoy son cotidianos. En algunos casos, la idea tecnológicamente irrealizable de un visionario se transforma mas tarde en la realización tecnológica de otro visionario, como el ciberespacio de William Gibson dio nacimiento a la Realidad Virtual de Jaron Lanier.

Resulta por tanto, sorprendente, que tan pocos autores, quizás ninguno, hayan predicho la existencia de una red de transmisión de datos a nivel mundial, y de las redes de ordenadores como principal elemento computacional actual.

El mayor problema que presentan las extrapolaciones es la linealidad. Normalmente, para predecir el futuro de un artefacto, se proyecta hacia el futuro como un artefacto singularmente parecido al actual, solo que más grande, más rápido, más bonito. Al predecir el futuro del coche, se suele pensar en coches más rápidos, más seguros, y, quizás más económicos.

En ese error se cayó al tratar de predecir el futuro del ordenador. Si examinamos las películas de los años 50, o incluso los cuentos de Asimov que tenían como protagonista al ordenador MULTIVAC, vemos que se trata simplemente de un ordenador más grande (mucho mas grande), que puede procesar muchas mas tarjetas perforadas, y que escribe en impresoras más grandes y más rápidas. Las películas nos muestran planos de salas con muchas luces que se encienden y se apagan, cintas que dan vueltas alegremente, e impresoras que imprimen papel velozmente (normalmente al cuidado de algún sabio maligno y/o general perverso).

Nadie, quizás, se paró a pensar en que la verdadera potencia de los ordenadores no vendría de construir uno muy grande, sino de unir muchos ordenadores pequeñitos. Poder y potencia computacional para el pueblo, ese ha sido el lema de los años 80 y 90.

Hubo que esperar a los años 70 para que algún autor se preocupara por las consecuencias sociales de un mundo ceñido por una tela de araña de ordenadores conectados entre sí. Y la primera novela, quizá, que trata el tema, es ``El jinete de la onda de shock'', de John Brunner, un maestro de la Ciencia Ficción sociológica que ha recibido varios premios Hugo y Nebula. En esta novela se describe un mundo consumista, con un medio ambiente muy deteriorado (le suena a alguien?) pero con una red de ordenadores que une todo el planeta y con terminales en todas las casas, en incluso terminales públicos. Existe un sistema de apuestas denominado Delphi, en el cual se le pide opinión a la gente sobre algun tema social, científico o político; gana el que acierte qué opine la mayoría; este método, que podría convertirse en un método de democracia directa, en realidad no sirve para eso.

Los ciudadanos de ese mundo se diferencian además de su grado de acceso a la red. Los hay que son capaces de cambiar su personalidad completa lanzando ``serpientes'' (tapeworms en el original) por la red, y los hay que sufren las consecuencias de esas serpientes. El Gobierno lo domina todo, y trata especialmente de controlar el llamado ``Oyente silencioso'', una especie de videoteléfono de la esperanza al cual llama la gente para confesarse o contar sus problemas. El protagonista salva la situación creando serpientes que defienden a este ``Oyente silencioso'', publican ficheros confidenciales de la red (el Santo Grial de los hackers) y se hacen con el control de la red finalmente.

John Brunner basó su fantasía en ``El shock del futuro'', un ensayo de Alvin Toffler en el que trataba de describir el futuro extrapolando tendencias actuales. Y, evidentemente, no se ha equivocado demasiado.

En otras novelas hay detalles relacionados con la existencia y utilización de una red de ordenadores como portadora de información y sustituya de la televisión; por ejemplo, en ``Viernes'' existen anuncios por ordenador, y se pueden consultar bases de datos remotas desde un terminal; además, evita la utilización de tarjetas de crédito para no ser seguida. En el relato ``Al minuto'' sucede algo similar; las bases de datos (de bancos, de uso de tarjetas de crédito, de medios de transporte) se utilizan para resolver crímenes.

Otras pecan de excesivamente ingenuas (a pesar de haber sido alabadas como las mejores novelas en existencia), como por ejemplo ``Islas en la Red''; a pesar de tener la Red incluso en el título, y ser del año 88 (cuando ya habia InterNet hasta en España ), afirma sin ningún tapujo que el medio de comunicación mas utilizado en el año 2015 es el telex. Hay videoteléfono, y lo más remarcable es que, como en otras novelas, se unifican todos los métodos de comunicación en un solo aparato.

``El juego de Ender'', de finales de los 70, plantea por primera vez uno de los adagios de la Internet: En la Internet, nadie sabe que eres un perro (le dice un perro a otro); la gran ventaja de la comunicación anónima hace que un niño y una niña, ambos menores, influyan en la opinión pública mundial a través de foros de discusión por ordenador, algo similar a la USENET ya descrita.

Durante los años 80, el fenómeno literaria denominado cyberpunk, e iniciado por William Gibson y Bruce Sterling, se superpondría a las hazañas de los primeros hackers, hasta el punto de hablarse de una cultura cyberpunk que los englobaba a todos. En las historias cyberpunk, los protagonistas son perdedores natos, que viven en un mundo de novela negra, pero que, a través de implantes cerebrales, se pueden conectar al ciberespacio, una representación abstracta de los datos contenidos en la red de ordenadores. Esta representación tiene algo de poética o alucinógena, pero, en cualquier caso, tiene bastante relación con lo que es la Internet hoy en día.

La primera vez que apareció este concepto fue en el cuento ``Quemando Cromo'', de W. Gibson, gran guru máximo del cyberpunk con una formación informática nula y que escribio sus primeros relatos y novelas en una máquina de escribir. Ahi aparece tambien el concepto de ``hielo'', muros infranqueables que rodean datos secretos, concepto que recibe últimamente en la realidad la denominación de ``muros ignífugos'' o firewalls; si bien el concepto de ``hielo'' es puramente soft, y el de muros es mas hard. Este ciberespacio, poblado por cowboys, aparece tambien en Neuromante, su novela más famosa y premiada, y en Conde Cero.

Llegados a los 90 existen ya autores que se han formado en la red, y hay novelas que la reflejan con mucha más riqueza, como Snow Crash, de Neal Stephenson, quien, además, la publico por primera vez en un grupo de USENET , alt.cyberpunk.chatsubo. En esta novela el ciberespacio es más real, hay ``demonios'' que se encargan de limpiarlo, hay engranajes ocultos, trampillas incluidas por sus programadores originales, y, ademas, se accede a él utilizando cascos de realidad virtual. Este futuro es mucho más real, desde nuestro punto de vista.

Y, por supuesto, existen las historias contadas por sus protagonistas de alguno de los grandes sucesos de la InterNet , como la captura de un hacker alemán por parte de un becario del servicio de informática de un laboratorio, magistralmente narrado en ``El huevo del cuco'' por su protagonista, Clifford Stoll.



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jmerelo@
Thu Mar 16 09:46:35 MET 1995